

La Garnacha, elaborada con precisión y finura, es como un papel revelador del terroir, porque impregna el vino del carácter de su lugar de procedencia. Por eso hacemos vinos «a cara lavada», sin maquillaje ni artificios. Vinos que tratan de capturar la esencia de nuestras viñas viejas de montaña, la tensión mineral del suelo granítico de la Sierra de Gredos, y la frescura del Alto Alberche.
Trabajamos con la mínima intervención pero con la máxima precisión, para que la naturalidad no emborrone la naturaleza, no enmascare el paisaje. Para permitir a los vinos reflejar su lugar (terroir) y su momento (añada). Aspiramos a ir un paso más allá de los vinos naturales, hacia vinos «sobrenaturales», que no sólo protegen el cuerpo sino que son capaces también de elevar el alma.

La flor de lis indica el norte en los mapas antiguos y es símbolo de pureza e inmortalidad. El gran Dominique A en su canción Immortels nos recuerda que “los dioses se esconden (o se asoman) en nuestros rostros envinados” (Le savais-tu déjà? Avais-tu deviné que des dieux se cachaient sous nos faces avinées?)
Immortels es nuestro particular Olimpo, una colección de vinos de tirada muy limitada y carácter efímero, con la que cada año rendimos homenaje a un artista.

LYNCH (Immortels #2) es un vino que rinde homenaje al gran cineasta norteamericano David Lynch. Un genio eterno que -como él mismo comentó en alguna ocasión- «se pasó la vida jugando con fuego«. Lynch nos enseñó a soñar con los ojos abiertos, a ver el otro lado de las cosas. Fire walk with me.